La verdad es que no supimos manejar la situación con respecto a como le decíamos a la abuela que el abuelo Carmelo había muerto.
Nosotros suponíamos que la frágil salud que sufría servía como preaviso para cualquiera, incluso para la ella. A eso le sumábamos el tema de la edad; ochenta años siempre parecen ser suficientes para morirse.
Pero habíamos olvidado que nuestra perspectiva cronológica no es igual a la de la abuela. Para ella seguían siendo dos adolescentes recién casados, para los que todavía faltaba mucho para el tiempo de los disgustos.
El sol entraba a pleno por el techo corredizo de la camioneta, y calor creaba un clima agradable para ese otoño tan bravo que habíamos tenido.
Mientras pensábamos mil maneras de dar la noticia, y sin quererlo, nos íbamos acercando a donde nunca queríamos llegar, a la casona de patio generoso y galerías frescas, llenas de hortensias y de jazmines, con la cucha del Boby en el medio del camino y la mesa hecha de recortes de mosaico a un costado.
Estacionamos en la puerta y la abuela, que siempre venía a abrir sin esperar a que la visita tocara el timbre, extrañamente, esta vez no salió. Se quedó esperando en la cocina, a que llamáramos nosotros, a que tengamos que molestarnos hasta ella si es que queríamos darle una mala noticia.
Después de escuchar el timbre que sonaba con insistencia, tomó envión en los apoya brazos del sillón y se acercó arrastrando los pies hasta la puerta de calle. Antes de llegar tuvo el detalle de cortar una hoja seca del jazminero y tirarla al suelo. Miró las ramas de la parra diciéndose que había que podarla. En realidad, ya no sabía en que mas detenerse.
Así, cumpliendo con todo ese protocolo burocrático, llegó a la puerta. Nos obsevó a través del vidrio recortado, giró la llave y abrió. Se quedó callada como esperando que nosotros habláramos primero, pero la angustia se nos notaba en al cara y la garganta se inundaba de lágrimas que no podían salir por los ojos.
Nos miró fijamente y desde la autoridad que le daban sus 80 nos dijo: "Ustedes vienen para decirme que se murió el abuelo”.
Ante semejante convencimiento, no tuvimos mas que silencio y espasmos de cabeza gacha por la vergüenza que nos daba no saber remontar la situación. Pero siguió hablando, con nosotros malamente fascinados por su entereza.
"No me digan nada. Fue a las 5 de mañana. Yo estaba durmiendo y a esa hora, de noche todavía, un pájaro se paró en la parra y empezó a cantar. En el campo dicen que si un pájaro canta de noche, es señal de que alguien de la casa se va a morir."
Nosotros seguíamos ahí, petrificados. Fue hasta la cocina, volvio con un bolso y nos dijo que hagamos de cuenta que se había ido con el abuelo.
Esas fueron sus últimas palabras. Caminó para el lado de la avenida, dobló en la esquina y nunca mas volvimos a verla.
El resto de la familia nunca nos perdonó nuestra actitud, pero por mas que contemos como fueron las cosas, nunca nadie va a entender como son las cosas vistas desde el lugar donde el vacío ocupó todos los lugares.
jueves, 29 de mayo de 2008
martes, 27 de mayo de 2008
Gajes del oficio (cuento leido)
La mayoría de los cuentos aqui publicados están grabados en audio; el motivo inicial de esta práctica era que tuvieran acceso las personas que no podian leer. Luego use muchos de estos audios para mis frustrados programas radiales y finalmente duermen en mis propios CD. Este es el primero que subo en ambos formatos (texto y audio). Si puedo, ire subiendo de a poco los demas que ya fueon publicados aqui mismo..
Gabriel F Gamboa
GAJES DE OFICIO
El empleado apoyo sus manos sobre el abdomen del cadáver, sin saber que cuando el aire pasa por la garganta, mueve las cuerdas vocales y el muerto emite un "OOOOOOOOOOO" corto y seco.
El empleado renuncio inmediatamente a su trabajo y el jefe rió a carcajadas por la nueva víctima.
AQUI EL AUDIO
Gabriel F Gamboa
GAJES DE OFICIO
El empleado apoyo sus manos sobre el abdomen del cadáver, sin saber que cuando el aire pasa por la garganta, mueve las cuerdas vocales y el muerto emite un "OOOOOOOOOOO" corto y seco.
El empleado renuncio inmediatamente a su trabajo y el jefe rió a carcajadas por la nueva víctima.
AQUI EL AUDIO
Lucia (para ella la guerra nunca terminó)
Lucía vivió prisionera. De su padre primero. De su marido después. De sus hermanos mas tarde. De sus sobrinos al final. Al ser la mayor, soltera y sin hijos, se convirtió en la “segunda madre” de todos como si esto significara algo para ella.
No. De ninguna manera, no es ni siquiera una ventanita en lo alto de su celda.
Algunas noches, sueña que se despierta y cierra la puerta por donde entra el frío de la frustración, para después volver a dormirse plácidamente. Otras, que vuelve a su pueblo y la están esperando con los brazos abiertos y que todo permaneció extrañamente igual, detenido en el tiempo, recordándola.
Cuando despierta, tiene que esforzarse para darse cuenta de que no es una monja de clausura, y que los votos que practica son contra su voluntad. Y se da cuenta que es mas fácil crear un imperio que liberarse de él.
No. De ninguna manera, no es ni siquiera una ventanita en lo alto de su celda.
Algunas noches, sueña que se despierta y cierra la puerta por donde entra el frío de la frustración, para después volver a dormirse plácidamente. Otras, que vuelve a su pueblo y la están esperando con los brazos abiertos y que todo permaneció extrañamente igual, detenido en el tiempo, recordándola.
Cuando despierta, tiene que esforzarse para darse cuenta de que no es una monja de clausura, y que los votos que practica son contra su voluntad. Y se da cuenta que es mas fácil crear un imperio que liberarse de él.
sábado, 24 de mayo de 2008
El tucu
...”al mundo nada le importa,
yira, yira”..
.
E. S. Discepolo
El hombre estaba sentado en la plaza que está frente a Tribunales. Desde allí tenía la perspectiva justa que daba a la casa de electrodomésticos donde en los televisores daban un documental de Jaques Costeau. Veía las imágenes del fondo del mar y se hacía su propio relato imposibilitado de obtener el audio. Se distraía bastante seguido con las minifaldas de las secretarias que a esa hora se apuraban por llegar a horario al trabajo. Cuando terminó el documental, pusieron un partido de fútbol europeo, pero esta programación lo aburrió enormemente. Se levantó y empezó a caminar hacia Cerrito en busca de dos cosas: algo para comer y un poco de sol por que las sombras ya habían invadido la plaza y el frío se hacía sentir por mas que tuviera dos pares de guantes.
Instalado ya en la plazoleta que hace de la 9 de Julio la avenida mas ancha del mundo, según infundadas creencias porteñas, se dedicó a observar el tránsito en dirección a Retiro, de espaldas a Constitución. Tomó un trago de la cajita de vino tinto que tenía debajo del sobretodo que le había robado a otro vago en una pelea en el comedor de noche hace una semana, y se quedó ahí sentado, pensativo, aburrido, recordando su llegada a Buenos Aires, justamente ahí en Retiro cuando llegó de Tucumán dispuesto a trabajar de cualquier cosa con tal de juntar unos pesos. Lástima que nunca pudo encontrar al amigo de su primo, que lo iba a ubicar en una fábrica de tela engomada de Valentín Alsina para encargarse de la limpieza. Pero esta ciudad es tan grande para su acotado sentido de ubicación... ahora mismo, después de 10 años acá, todavía no se sabe ubicar bien para llegar al comedor y el tránsito le da miedo. El ruido lo pone muy nervioso. Tanto, que hay veces que prefiere no comer para quedarse tranquilo.
Mientras va llegando la noche, se va arrimando hasta el banquito que está justo entre las dos torres mas altas de la ciudad. Hoy tampoco irá al comedor; en todo caso si consigue algo por ahí, comerá y si no, no.
El viento que corre en su improvisado dormitorio es impresionante; los edificios parecen soplar sobre él, que se cubre como puede con una caja de cartón. Cada tanto logra dormir unos minutos, hasta que el frío lo vuelve a despertar. Y eso que hoy no llueve. Ayer un cartonero le enseñó que si se pone una caja sin desarmar en la cabeza, puede mínimamente calentar el aire que respira y dormir un poco mas.
Y le hizo caso. ¡Y el tipo tenía razón!. Durmió sin interrupciones. Y hasta soñó que justo que el tren salía de Tucumán para Buenos Aires, su madre lo llamaba desesperada pare decirle que se quedara.
Y nunca mas pudo despertar de ese sueño.
yira, yira”..
.
E. S. Discepolo
El hombre estaba sentado en la plaza que está frente a Tribunales. Desde allí tenía la perspectiva justa que daba a la casa de electrodomésticos donde en los televisores daban un documental de Jaques Costeau. Veía las imágenes del fondo del mar y se hacía su propio relato imposibilitado de obtener el audio. Se distraía bastante seguido con las minifaldas de las secretarias que a esa hora se apuraban por llegar a horario al trabajo. Cuando terminó el documental, pusieron un partido de fútbol europeo, pero esta programación lo aburrió enormemente. Se levantó y empezó a caminar hacia Cerrito en busca de dos cosas: algo para comer y un poco de sol por que las sombras ya habían invadido la plaza y el frío se hacía sentir por mas que tuviera dos pares de guantes.
Instalado ya en la plazoleta que hace de la 9 de Julio la avenida mas ancha del mundo, según infundadas creencias porteñas, se dedicó a observar el tránsito en dirección a Retiro, de espaldas a Constitución. Tomó un trago de la cajita de vino tinto que tenía debajo del sobretodo que le había robado a otro vago en una pelea en el comedor de noche hace una semana, y se quedó ahí sentado, pensativo, aburrido, recordando su llegada a Buenos Aires, justamente ahí en Retiro cuando llegó de Tucumán dispuesto a trabajar de cualquier cosa con tal de juntar unos pesos. Lástima que nunca pudo encontrar al amigo de su primo, que lo iba a ubicar en una fábrica de tela engomada de Valentín Alsina para encargarse de la limpieza. Pero esta ciudad es tan grande para su acotado sentido de ubicación... ahora mismo, después de 10 años acá, todavía no se sabe ubicar bien para llegar al comedor y el tránsito le da miedo. El ruido lo pone muy nervioso. Tanto, que hay veces que prefiere no comer para quedarse tranquilo.
Mientras va llegando la noche, se va arrimando hasta el banquito que está justo entre las dos torres mas altas de la ciudad. Hoy tampoco irá al comedor; en todo caso si consigue algo por ahí, comerá y si no, no.
El viento que corre en su improvisado dormitorio es impresionante; los edificios parecen soplar sobre él, que se cubre como puede con una caja de cartón. Cada tanto logra dormir unos minutos, hasta que el frío lo vuelve a despertar. Y eso que hoy no llueve. Ayer un cartonero le enseñó que si se pone una caja sin desarmar en la cabeza, puede mínimamente calentar el aire que respira y dormir un poco mas.
Y le hizo caso. ¡Y el tipo tenía razón!. Durmió sin interrupciones. Y hasta soñó que justo que el tren salía de Tucumán para Buenos Aires, su madre lo llamaba desesperada pare decirle que se quedara.
Y nunca mas pudo despertar de ese sueño.
viernes, 23 de mayo de 2008
Memere y el agua
...”a tense workplace is a productive workplace”...
Mr. Burns
Abel Memere nunca había aprendido a nadar. A los 3 años tuvo su primer espanto al no poder mantenerse en pie en una pileta de club barato; con el agua hasta el mentón y el fondo lleno de musgo, patinó y se hundió varias veces, introduciendo bocanadas de agua en cada inmersión con un ruidoso ronquido asmático que provocaba la risa y la burla de los mayores que estaban con él. Y como en sus pesadillas, trataba de gritar y no podía.
Siempre recordó aquel día, e hizo todo lo posible para olvidarlo.Pero los miedos nunca se van y a la vez siempre regresan.
Mr. Burns
Abel Memere nunca había aprendido a nadar. A los 3 años tuvo su primer espanto al no poder mantenerse en pie en una pileta de club barato; con el agua hasta el mentón y el fondo lleno de musgo, patinó y se hundió varias veces, introduciendo bocanadas de agua en cada inmersión con un ruidoso ronquido asmático que provocaba la risa y la burla de los mayores que estaban con él. Y como en sus pesadillas, trataba de gritar y no podía.
Siempre recordó aquel día, e hizo todo lo posible para olvidarlo.Pero los miedos nunca se van y a la vez siempre regresan.
jueves, 22 de mayo de 2008
Dientes
Con la mayor naturalidad del mundo, levante con mi mano derecha la cabeza de quien sabe que decapitado que habia rodado hasta mi.
Meti el pulgar en su boca y la palma por debajo del mentón para poder tirarlo como si fuera una bola de bowling.
En ese momento me di cuenta de que el craneo, era de una niña. Una niña conocida por mi, pero que no podia identificar.
La cabeza, que aún latía, cerró fuerte la boca lastimando mi dedo. Grité por el dolor y al rato, unos minutos, cedió el mordiscón.
Supuse entonces que en algún lugar del mundo, el cuerpo decapitado de una niña acababa de morir.
Meti el pulgar en su boca y la palma por debajo del mentón para poder tirarlo como si fuera una bola de bowling.
En ese momento me di cuenta de que el craneo, era de una niña. Una niña conocida por mi, pero que no podia identificar.
La cabeza, que aún latía, cerró fuerte la boca lastimando mi dedo. Grité por el dolor y al rato, unos minutos, cedió el mordiscón.
Supuse entonces que en algún lugar del mundo, el cuerpo decapitado de una niña acababa de morir.
viernes, 16 de mayo de 2008
La particular vision de Miguel
Otra vez la sombra. Miguel podía verla, la tenía allí, en el rabillo del ojo, pero no quería girar la cabeza para que no desapareciera. Su mujer estaba cansada de decirle que fuera al oculista, ese derrame no le gustaba nada y amenazaba hacerle estallar el cristalino en cualquier momento. Pero Miguel estaba mas preocupado por averiguar de donde provenía la sombra y, sobre todo, quien miraba a quien. Le contaba a sus amigos mas íntimos que creía que la sombra que él veía era una imagen de algo en su interior y que si descubría que era, la haría desaparecer y posiblemente también desaparecería su derrame que ya parecía tener vida propia; lo sentía latir dentro de su ojo, extendiendo este latido hasta el párpado. La sombra, lo acompañaba a todos lados y a veces hasta creía que la gente también la veía, y sentía que todos apuntaban su mirada ahí, y que lo que para los demás era un simple y molesto derrame, para él era una presencia mucho mas abarcativa, un vigia de sus pasos y sobre todo de sus pensamientos. Tenía mucho miedo de que la sombra terminara cubriéndole todo el ojo, e inclusive que se mudara al otro, sin dejar este, como los hongos, y acabaran finalmente en muchas sombras extendidas en toda su visión. No hay nada mas distorsionado que la propia visión de los defectos; en este caso, ver “a través” de la sombra no es lo mismo que mirar “hacia” ella. Cuando llegó la noche, Miguel se acostó a dormir y a pensar en resolver su problema. Le molestaba mucho las miradas enfocadas directamente en su ojo, parecía que nadie le prestaba atención y esto lo deprimía. Fue con este pensamiento que cerró los ojos, el sano y el de la sombra. Se durmió enseguida y muy pronto empezó a soñar sueños muy psicodélicos con figuras inexplicables e indescriptibles enredadas entre sí y teñidas saturadamente de colores muy brillantes, mezclados en una obscena orgía cromática que lastimaba la visión. En el tiempo que duró este sueño, la sombra no apareció, recluida y dominada por la desfachatez de los colores que esta vez jugaban de local. Cuando despertó, Miguel pensó que estaba muerto: todo estaba a oscuras y creyó que aún no había abierto los ojos, pero al tocarlos sintió la humedad del cristalino y comprendió que la sombra había sido, por lo menos en ese sueño, el colmo de la discreción.
El hombre intocable
El pobre hombre no había podido convencer a nadie de su propia muerte; todos lo soñábamos siempre vivo y le recriminábamos que mintiera, por que estaba vivo, ahí lo veíamos, muy campante regando las plantas. Sin embargo nadie dudaba sobre su dolor de los últimos años al enfermarse de un cáncer doloroso e implacable, mas la muerte de su madre que mal predijo que ella moría para que su hijo se salve, obviamente convencida de que Dios compensaba así las cosas. El pobre hombre tampoco pudo descansar los primeros años de su nuevo status de muerto, ya que una huelga municipal hizo llevar su cuerpo a un depósito provisorio en el cementerio de la Chacarita, y recién después de un año pudo ir a su destino final en las galerías de nichos en Flores. De todas maneras, a los cinco años su cuerpo fue cremado al vencer el plazo de conservación en el cementerio, y sus cenizas ni siquiera fueron reclamadas por sus familiares. Por suerte tuvo siempre el recuerdo de la mujer que lo había amado en silencio y que vanamente había esperado que él cambiara su elección de celibato por amor a ella. Pero hasta eso le perdonaba; así era el amor que sentía por él. Y tuvo la constancia de recordárselo en cada aniversario de su muerte, colocando una rosa en su tumba. Para el pobre hombre ya era tarde. Posiblemente veía la rosa, pero no podía tocarla. Solamente salía a pasear por nuestros sueños que él convertía en pesadillas, cuando por las noches nos despertábamos llorando por haberlo visto sin poder tocarlo.
domingo, 13 de abril de 2008
La vuelta mas larga (cuento)
En mi barrio había una hermosa calesita: el calesitero administraba las dosis de sortija con maestría y siempre regalaba una vuelta al que se estaba por ir mientras intercalaba canciones de moda con otras mas viejas y bochincheras; o de las clásicas para chicos, pero interpretadas por las ardillitas.
El invierno era el inevitable e imbatible enemigo que me alejaba del lugar que tanto me gustaba. Sin embargo ese año tuve un raro privilegio: era Lunes y había faltado a la escuela por motivos que ya no recuerdo. Como a las once de la mañana, después de hacer los mandados, pedí permiso para ir al campito donde estaba la calesita. Quería aprovecharla y tenerla toda para mi solo, tener la sensación de poseerla y si me daba permiso el pudor, pedirle alguna canción al calesitero.
Llegué y era el único. Todos mis amigos estaban en el colegio y además hacía frío. Saludé, compré mi boleto y me fijé si era capicúa por que eso me daba derecho a una vuelta gratis pero no, no era.
A pesar de tener todo a mi disposición, elegí el mismo caballito rojo de siempre. Lo monté y arrancó la música. Casi instantáneamente, comenzó a girar la calesita. La velocidad aumentó, de a poco pero sin pausa.
Al pasar por la casilla del calesitero, me pareció que éste no estaba.
Era algo raro, pero a la calesita no le importó y siguió girando cada vez mas rápido. Al pasar nuevamente ya no tuve dudas de que el señor no estaba y hasta pude ver la puerta cerrada con candado.
Me pregunté que estaba pasando. La velocidad aumentaba y todo estaba desapareciendo. Mi caballito de madera perdía sus arneses por culpa de la aceleración y la cara de Pinocho (la que estaba en el centro) salió volando cortando el aire.
El paisaje perdía su color, todo era gris y polvoriento y yo en el medio aferrado a mi fiel caballo que se resistía a salir despedido, aguantando mis gritos de terror dirigidos a nadie por que nadie había, mientras la música se deformaba haciendo sonidos estridentes y gomosos.
Los bulones que sujetaban al caballo empezaron a aflojarse justo en el momento en que yo empezaba a llorar.
No quería bajarme de él, así que lo abracé con más fuerza asegurándome su compañía; después de todo era el único que no me había abandonado.
En pocos segundos, los dos fuimos arrancados de la base y salimos brutalmente despedidos. A esta altura me pareció ver a mi caballo cerrar sus ojos también, pero pensé que me estaba volviendo loco. Sin embargo logré mirarlo mas detenidamente y no solo los había cerrado por el miedo si no que él también estaba llorando. Lo abracé como para consolarlo mientras seguíamos viajando hacia quien sabe donde.
De pronto, chocamos contra algo.
Y algo mas.
Y otra vez.
Por fin había un cambio después de esos segundos eternos. Pensábamos que nada podía ser peor que lo que nos había pasado. Abrimos los ojos (él y yo) y vimos a miles de chicos con sus miles de caballos en ese lugar al que habíamos llegado, vagando, sin rumbo aparente. Ninguno lucía preocupado, pero tenían los ojos vacíos.
Uno de ellos que parecía ser el líder se nos acercó, sin arrimarse demasiado y nos hizo una seña inequívoca e irresistible con la cabeza para que lo sigamos.
Nos guió rápidamente hasta el borde de lo que parecía ser una piscina. Al acercarnos, notamos que en realidad era una especie de lente enorme, como un prisma, desde donde podíamos observar todo lo que quisiéramos sin ser vistos.
Pude ver con absoluta claridad el aula donde yo ya no estaba, el techo de mi casa, la plaza con el ombú y curiosamente, el campito donde todavía estaba la calesita, que estaba sin chicos, con solamente el calesitero y la música que ahora se escuchaba clara y agradable.
Tuve un gesto miedoso y tosí con nervios. Abracé nuevamente a mi caballo y cerré los ojos tratando de volver allí.
Para cuando los abrí, ya formaba parte de ese ejército de chicos.
El invierno era el inevitable e imbatible enemigo que me alejaba del lugar que tanto me gustaba. Sin embargo ese año tuve un raro privilegio: era Lunes y había faltado a la escuela por motivos que ya no recuerdo. Como a las once de la mañana, después de hacer los mandados, pedí permiso para ir al campito donde estaba la calesita. Quería aprovecharla y tenerla toda para mi solo, tener la sensación de poseerla y si me daba permiso el pudor, pedirle alguna canción al calesitero.
Llegué y era el único. Todos mis amigos estaban en el colegio y además hacía frío. Saludé, compré mi boleto y me fijé si era capicúa por que eso me daba derecho a una vuelta gratis pero no, no era.
A pesar de tener todo a mi disposición, elegí el mismo caballito rojo de siempre. Lo monté y arrancó la música. Casi instantáneamente, comenzó a girar la calesita. La velocidad aumentó, de a poco pero sin pausa.
Al pasar por la casilla del calesitero, me pareció que éste no estaba.
Era algo raro, pero a la calesita no le importó y siguió girando cada vez mas rápido. Al pasar nuevamente ya no tuve dudas de que el señor no estaba y hasta pude ver la puerta cerrada con candado.
Me pregunté que estaba pasando. La velocidad aumentaba y todo estaba desapareciendo. Mi caballito de madera perdía sus arneses por culpa de la aceleración y la cara de Pinocho (la que estaba en el centro) salió volando cortando el aire.
El paisaje perdía su color, todo era gris y polvoriento y yo en el medio aferrado a mi fiel caballo que se resistía a salir despedido, aguantando mis gritos de terror dirigidos a nadie por que nadie había, mientras la música se deformaba haciendo sonidos estridentes y gomosos.
Los bulones que sujetaban al caballo empezaron a aflojarse justo en el momento en que yo empezaba a llorar.
No quería bajarme de él, así que lo abracé con más fuerza asegurándome su compañía; después de todo era el único que no me había abandonado.
En pocos segundos, los dos fuimos arrancados de la base y salimos brutalmente despedidos. A esta altura me pareció ver a mi caballo cerrar sus ojos también, pero pensé que me estaba volviendo loco. Sin embargo logré mirarlo mas detenidamente y no solo los había cerrado por el miedo si no que él también estaba llorando. Lo abracé como para consolarlo mientras seguíamos viajando hacia quien sabe donde.
De pronto, chocamos contra algo.
Y algo mas.
Y otra vez.
Por fin había un cambio después de esos segundos eternos. Pensábamos que nada podía ser peor que lo que nos había pasado. Abrimos los ojos (él y yo) y vimos a miles de chicos con sus miles de caballos en ese lugar al que habíamos llegado, vagando, sin rumbo aparente. Ninguno lucía preocupado, pero tenían los ojos vacíos.
Uno de ellos que parecía ser el líder se nos acercó, sin arrimarse demasiado y nos hizo una seña inequívoca e irresistible con la cabeza para que lo sigamos.
Nos guió rápidamente hasta el borde de lo que parecía ser una piscina. Al acercarnos, notamos que en realidad era una especie de lente enorme, como un prisma, desde donde podíamos observar todo lo que quisiéramos sin ser vistos.
Pude ver con absoluta claridad el aula donde yo ya no estaba, el techo de mi casa, la plaza con el ombú y curiosamente, el campito donde todavía estaba la calesita, que estaba sin chicos, con solamente el calesitero y la música que ahora se escuchaba clara y agradable.
Tuve un gesto miedoso y tosí con nervios. Abracé nuevamente a mi caballo y cerré los ojos tratando de volver allí.
Para cuando los abrí, ya formaba parte de ese ejército de chicos.
sábado, 12 de abril de 2008
El enfermito (cuento)
...”y sin embargo se mueve”...
Galileo Galilei
Los habitantes del pueblito de Ministro Brinn, pensaban que el mal pernoctaba a la vuelta de la esquina. Podían sentirlo en sus pellejos cuando a la noche los gritos enloquecidos de “el enfermito” hacían aullar a los perros. Ministro Brinn estaba lo suficientemente aislado como para que nadie prestara atención a sus problemas domésticos.
“El enfermito” era un hombre alto, siempre despeinado, con la ropa sucia y los zapatos rotos; un típico linyera en una gran ciudad, y todo un personaje en un pueblo donde la emoción mas grande era el paso del tren, cuando pasaba. Vivía solo en la habitación de una casona ocupada, donde el abandono asomaba por todos los rincones. Nunca había tenido mayores problemas de convivencia, mas allá de los gritos y la suciedad. Siempre andaba solo, hablándose y realmente no se metía con nadie. Vivía de lo que los vecinos le daban y vagaba de un lado a otro del pueblo pidiendo cigarrillos y levantando colillas de la calle. No tomaba alcohol, aunque para muchos pareciera que vivía borracho por su andar errante. No faltaba ningún Domingo a misa de 11 y cantaba a viva voz todas las canciones de la Iglesia. Rezaba de la misma manera y permanecía de pie durante la consagración. Saludaba a no menos de 20 personas cada vez que llegaba el momento de darse la paz, el único momento en que podía tener un contacto cercano con otra persona. Era acreedor de los miedos de todos los niños del pueblo y el protagonista de todas las amenazas para el que no quisiera acostarse temprano, bañarse o tomar la leche.
Cuando a fines de los 80 apareció el cadáver de la hija de los Mancuso, el pueblo se convulsionó; no estaba preparado para semejante cosa, esto no era Rosario ni Buenos Aires donde estas cosas pasan a menudo y donde la gente conoce las reglas del juego.
Claudia Mancuso tenía 8 años, estaba en 3º grado en la escuela estatal, también iba a misa (obligada por el preparatorio para la primera comunión) y practicaba natación en el club “Villa San Jorge”.
No se sabe bien por que ese día de Noviembre apareció en la habitación de “el enfermito”. Posiblemente los dichos de los demás, mas su curiosidad y su alma inocente la llevaran hasta allí. Sintió algo de miedo, sin embargo entró. Él la vio y se sorprendió un poco, pero la hizo pasar .Estuvieron un buen rato hablando y riéndose, cantando las canciones de la Iglesia que era lo único que aparentemente tenían en común. Ella pensaba quedarse unos minutos y volver a su casa, pero él sabía que cuando los padres se enteraran, volverían para golpearlo, como lo había hecho su madre y su padre en su niñez, con saña y haciéndolo pedir perdón de rodillas por no haber hecho nada.
Entonces sintió que no podía dejar que se vaya y se estremeció. No había muchas opciones para retenerla ni posibilidades de dar explicaciones a nadie.
Al fin de cuentas, la fatalidad los había juntado en el lugar equivocado y justamente él, “el enfermito” no iba a ser quien se atreviera a desafiar lo que ya estaba escrito.
Cuando llegó la policía, Claudia Mancuso ya estaba muerta. Su cráneo no había soportado el golpe seco de un fierro en T de 2 pulgadas, que alguna vez había sostenido una tabla donde descansaba la imagen de La Madre Dolorosa. “El enfermito” estaba al lado del cuerpo, con el fierro entre las manos manchadas de sangre caliente a punto de fraguar. Gritaba frases que nadie entendía, y trataba de dar alguna explicación a lo que había pasado.
El juez lo declaró inimputable y la familia Mancuso juró venganza. El libreto implacable del destino sería cumplido al pie de la letra.
Galileo Galilei
Los habitantes del pueblito de Ministro Brinn, pensaban que el mal pernoctaba a la vuelta de la esquina. Podían sentirlo en sus pellejos cuando a la noche los gritos enloquecidos de “el enfermito” hacían aullar a los perros. Ministro Brinn estaba lo suficientemente aislado como para que nadie prestara atención a sus problemas domésticos.
“El enfermito” era un hombre alto, siempre despeinado, con la ropa sucia y los zapatos rotos; un típico linyera en una gran ciudad, y todo un personaje en un pueblo donde la emoción mas grande era el paso del tren, cuando pasaba. Vivía solo en la habitación de una casona ocupada, donde el abandono asomaba por todos los rincones. Nunca había tenido mayores problemas de convivencia, mas allá de los gritos y la suciedad. Siempre andaba solo, hablándose y realmente no se metía con nadie. Vivía de lo que los vecinos le daban y vagaba de un lado a otro del pueblo pidiendo cigarrillos y levantando colillas de la calle. No tomaba alcohol, aunque para muchos pareciera que vivía borracho por su andar errante. No faltaba ningún Domingo a misa de 11 y cantaba a viva voz todas las canciones de la Iglesia. Rezaba de la misma manera y permanecía de pie durante la consagración. Saludaba a no menos de 20 personas cada vez que llegaba el momento de darse la paz, el único momento en que podía tener un contacto cercano con otra persona. Era acreedor de los miedos de todos los niños del pueblo y el protagonista de todas las amenazas para el que no quisiera acostarse temprano, bañarse o tomar la leche.
Cuando a fines de los 80 apareció el cadáver de la hija de los Mancuso, el pueblo se convulsionó; no estaba preparado para semejante cosa, esto no era Rosario ni Buenos Aires donde estas cosas pasan a menudo y donde la gente conoce las reglas del juego.
Claudia Mancuso tenía 8 años, estaba en 3º grado en la escuela estatal, también iba a misa (obligada por el preparatorio para la primera comunión) y practicaba natación en el club “Villa San Jorge”.
No se sabe bien por que ese día de Noviembre apareció en la habitación de “el enfermito”. Posiblemente los dichos de los demás, mas su curiosidad y su alma inocente la llevaran hasta allí. Sintió algo de miedo, sin embargo entró. Él la vio y se sorprendió un poco, pero la hizo pasar .Estuvieron un buen rato hablando y riéndose, cantando las canciones de la Iglesia que era lo único que aparentemente tenían en común. Ella pensaba quedarse unos minutos y volver a su casa, pero él sabía que cuando los padres se enteraran, volverían para golpearlo, como lo había hecho su madre y su padre en su niñez, con saña y haciéndolo pedir perdón de rodillas por no haber hecho nada.
Entonces sintió que no podía dejar que se vaya y se estremeció. No había muchas opciones para retenerla ni posibilidades de dar explicaciones a nadie.
Al fin de cuentas, la fatalidad los había juntado en el lugar equivocado y justamente él, “el enfermito” no iba a ser quien se atreviera a desafiar lo que ya estaba escrito.
Cuando llegó la policía, Claudia Mancuso ya estaba muerta. Su cráneo no había soportado el golpe seco de un fierro en T de 2 pulgadas, que alguna vez había sostenido una tabla donde descansaba la imagen de La Madre Dolorosa. “El enfermito” estaba al lado del cuerpo, con el fierro entre las manos manchadas de sangre caliente a punto de fraguar. Gritaba frases que nadie entendía, y trataba de dar alguna explicación a lo que había pasado.
El juez lo declaró inimputable y la familia Mancuso juró venganza. El libreto implacable del destino sería cumplido al pie de la letra.
lunes, 24 de marzo de 2008
La esposa de Luis (cuento)

...”mis pies andan y mi cabeza los guía donde
mis manos recuerdan tu piel”...
G. Alais
mis manos recuerdan tu piel”...
G. Alais
El Señor Luis había:
a) Cenado
b) Levantado la mesa
c) Apagado el calefón
d) Lavado sus dientes
e) Abrigado su cuerpo
f) Saludado a su esposa, a quien:
1) Juró matar
2) Despreció con toda su alma
3) Clavó un puñal en su corazón
4) Escondió en los fondos de un bar
5) Nunca perdonó su infidelidad.
Por que el Señor Luis era:
• Metódico
• Preciso
• Ordenado
• Austero
• Prolijo
• Imperturbable
• Trabajador
En cambio, las crónicas policiales hablaron de un tonto crimen pasional.
a) Cenado
b) Levantado la mesa
c) Apagado el calefón
d) Lavado sus dientes
e) Abrigado su cuerpo
f) Saludado a su esposa, a quien:
1) Juró matar
2) Despreció con toda su alma
3) Clavó un puñal en su corazón
4) Escondió en los fondos de un bar
5) Nunca perdonó su infidelidad.
Por que el Señor Luis era:
• Metódico
• Preciso
• Ordenado
• Austero
• Prolijo
• Imperturbable
• Trabajador
En cambio, las crónicas policiales hablaron de un tonto crimen pasional.
martes, 11 de marzo de 2008
Lo relativo (cuento)

Avanzo, pero el paisaje avanza conmigo y, desde tu perspectiva, permanezco inmóvil. Mis piernas están cansadas y mi corazón se agota; también mi voluntad.
Puedo demostrarte que estoy en movimiento pero no me interesa; ya lo ves, es solo una cuestión de apreciación.
También podría detener el mundo, pero la inercia haría caer a los demás y no creo necesario el sacrificio.
En cambio, podrías avanzar conmigo y ver como permanecemos inmóviles para los demás sin que nada nos importe.
sábado, 1 de marzo de 2008
Kuroki, casi un aviador (cuento)

...”yo te espío, pero me descubrís. No lo noto,
y el juego sigue indefinidamente”...
G. Olgado
Habían pasado varios días desde que los principios de la fusión nuclear se vieran contundentemente demostrados sobre 100.000 japoneses. Para esa época, el Sr. Kuroki se había alistado en el Escuadrón de Aviadores Kamikaze, esperando ser convocado para cumplir con su misión.
Si bien era un hombre valiente, íntimamente deseaba que algo hiciera frustrar esta posibilidad, un sentimiento parecido al Cristo de los cristianos, quien recibió como única respuesta el silencio de su padre (que finalmente lo llevó a la muerte) cuando lo asaltó la duda del terror de la cruz.
Cuando el Sr. Kuroki ingresó al escuadrón, formalizó los juramentos de lealtad a la patria y al Emperador, renunciando con esto a su propia vida, y tomó un breve entrenamiento de manejo de aviones. No se sentía muy distinto a cualquier combatiente, de alguna manera todos son kamikazes dispuestos a morir o a convertir en héroe al enemigo. La diferencia estaba en que él era su propia bala trazadora que irónicamente nunca sabría si había dado en el blanco. Tampoco iba a tener un avión con las marcas de los barcos hundidos en el fuselaje, ni podría ver como la ciudad se viste de flores en su honor.
Cuando el día de la rendición llegó (un vocablo que no figuraba en la imaginación de nadie), sintió un gran alivio. Sus dudas ya no lo molestaban ni se planteaba cuan leal al emperador era. Se volvió a meter en la vorágine de la rutina y siguió con su trabajo de mantenimiento en un edificio público, donde también vivía.
Sus vecinos nunca sospecharon lo que este hombre hubiera sido capaz de hacer.
y el juego sigue indefinidamente”...
G. Olgado
Habían pasado varios días desde que los principios de la fusión nuclear se vieran contundentemente demostrados sobre 100.000 japoneses. Para esa época, el Sr. Kuroki se había alistado en el Escuadrón de Aviadores Kamikaze, esperando ser convocado para cumplir con su misión.
Si bien era un hombre valiente, íntimamente deseaba que algo hiciera frustrar esta posibilidad, un sentimiento parecido al Cristo de los cristianos, quien recibió como única respuesta el silencio de su padre (que finalmente lo llevó a la muerte) cuando lo asaltó la duda del terror de la cruz.
Cuando el Sr. Kuroki ingresó al escuadrón, formalizó los juramentos de lealtad a la patria y al Emperador, renunciando con esto a su propia vida, y tomó un breve entrenamiento de manejo de aviones. No se sentía muy distinto a cualquier combatiente, de alguna manera todos son kamikazes dispuestos a morir o a convertir en héroe al enemigo. La diferencia estaba en que él era su propia bala trazadora que irónicamente nunca sabría si había dado en el blanco. Tampoco iba a tener un avión con las marcas de los barcos hundidos en el fuselaje, ni podría ver como la ciudad se viste de flores en su honor.
Cuando el día de la rendición llegó (un vocablo que no figuraba en la imaginación de nadie), sintió un gran alivio. Sus dudas ya no lo molestaban ni se planteaba cuan leal al emperador era. Se volvió a meter en la vorágine de la rutina y siguió con su trabajo de mantenimiento en un edificio público, donde también vivía.
Sus vecinos nunca sospecharon lo que este hombre hubiera sido capaz de hacer.
martes, 12 de febrero de 2008
Los navegantes del rio ritual (cuento)

El anciano, el viejísimo de la secta, había dictaminado que el niño que acababa de nacer moriría exactamente dentro de ocho años, dos meses y un día, al anochecer como era lo habitual.
Este niño, moriría aun antes que el anciano, a quien le quedaba en su haber todavía mas de diez años, según lo habían decretado cuando él nació, siguiendo con la vieja tradición que dejaba en el mas viejo de la secta la tarea de dictaminar cuando deberían morir cada niño que naciera.
Esta particularidad hacía que el concepto de ancianidad, de vejez, madurez, juventud y todo lo que tuviera que ver con el paso del tiempo, quedara absolutamente desencajada y sin sentido. Cada uno tenía su tiempo exacto de permanencia en el mundo y nadie moriría antes ni después.
La vida de cada uno era regida por esta predestinación, donde no existía el azar y cada persona asumía su futuro de diferentes maneras. Estaba quien cargaba con el peso de conocer el momento exacto de su muerte y quien lo tomaba muy alegremente, sabiendo de antemano que tenía una preocupación menos, y resuelta una de sus dudas existenciales.
La muerte por decreto y a días vista, era una manera de blanquear algo oculto y negado y hablaban de ella con total naturalidad como si fuera un miembro mas de la secta.
La persona que había llegado a su último día, marchaba sola al Río Ritual y nadie lo acompañaba en virtud de ser la muerte un paso mas y conocido desde el nacimiento con fecha y hora.
Allí, en la orilla, lo esperaba el viejo, que se encargaba de recibirlo y ahogarlo sin mas trámite. Luego la corriente se llevaba el cuerpo y nunca mas se sabía de él.
Los motivos de la desaparición de la secta nunca se conocieron. Los únicos elementos que encontraron los arqueólogos, son un par de dados que aparentemente eran los que usaba el viejo-verdugo para ponerle fecha a la muerte de cada uno; unas inscripciones que parece representar listas con nombres, no se sabe si de nacidos o de muertos por que estas palabras no se diferenciaban mucho entre sí en el concepto que la secta tenía de ellas y algunos testimonios de pueblos vecinos.Posiblemente, según los estudiosos, hayan sido aniquilados por organizaciones vecinas que se hayan horrorizado ante la idea que hubiera alguien que no le temiera a la muerte.
Gabriel F Gamboa
Este niño, moriría aun antes que el anciano, a quien le quedaba en su haber todavía mas de diez años, según lo habían decretado cuando él nació, siguiendo con la vieja tradición que dejaba en el mas viejo de la secta la tarea de dictaminar cuando deberían morir cada niño que naciera.
Esta particularidad hacía que el concepto de ancianidad, de vejez, madurez, juventud y todo lo que tuviera que ver con el paso del tiempo, quedara absolutamente desencajada y sin sentido. Cada uno tenía su tiempo exacto de permanencia en el mundo y nadie moriría antes ni después.
La vida de cada uno era regida por esta predestinación, donde no existía el azar y cada persona asumía su futuro de diferentes maneras. Estaba quien cargaba con el peso de conocer el momento exacto de su muerte y quien lo tomaba muy alegremente, sabiendo de antemano que tenía una preocupación menos, y resuelta una de sus dudas existenciales.
La muerte por decreto y a días vista, era una manera de blanquear algo oculto y negado y hablaban de ella con total naturalidad como si fuera un miembro mas de la secta.
La persona que había llegado a su último día, marchaba sola al Río Ritual y nadie lo acompañaba en virtud de ser la muerte un paso mas y conocido desde el nacimiento con fecha y hora.
Allí, en la orilla, lo esperaba el viejo, que se encargaba de recibirlo y ahogarlo sin mas trámite. Luego la corriente se llevaba el cuerpo y nunca mas se sabía de él.
Los motivos de la desaparición de la secta nunca se conocieron. Los únicos elementos que encontraron los arqueólogos, son un par de dados que aparentemente eran los que usaba el viejo-verdugo para ponerle fecha a la muerte de cada uno; unas inscripciones que parece representar listas con nombres, no se sabe si de nacidos o de muertos por que estas palabras no se diferenciaban mucho entre sí en el concepto que la secta tenía de ellas y algunos testimonios de pueblos vecinos.Posiblemente, según los estudiosos, hayan sido aniquilados por organizaciones vecinas que se hayan horrorizado ante la idea que hubiera alguien que no le temiera a la muerte.
Gabriel F Gamboa
miércoles, 6 de febrero de 2008
Final (cuento)

¿Qué queda mas lejos que el horizonte?
Yo conozco ese lugar: ahora estoy ahí, pero no vuelvo.
Muchas veces lo intenté, pero en este desierto helado no hay caminos.
Ninguna música acompaña mi paso; las luces, dejaron de brillar hace tiempo.
Esto está demasiado oscuro, silencioso, y sin embargo siempre a punto de estallar.
Tal vez sea eso lo que lo vuelve magnético, hipnótico y me atrapa, me abraza, me seduce y me invita a
Ya no mas, salir de él.
Yo conozco ese lugar: ahora estoy ahí, pero no vuelvo.
Muchas veces lo intenté, pero en este desierto helado no hay caminos.
Ninguna música acompaña mi paso; las luces, dejaron de brillar hace tiempo.
Esto está demasiado oscuro, silencioso, y sin embargo siempre a punto de estallar.
Tal vez sea eso lo que lo vuelve magnético, hipnótico y me atrapa, me abraza, me seduce y me invita a
Ya no mas, salir de él.
viernes, 11 de enero de 2008
Hombre de piedra (cuento)

Simón miraba, escondido atrás de una piedra, como Jesús se retorcía en su cruz a punto de arrancarse las manos y los pies. Pedía agua a los gritos y no quería quedarse solo.
Simón (o Pedro) tenía todavía el eco de la negación de su maestro masticándole la conciencia y tuvo que contener su arrebato para no ir a desclavarlo él; pero esto le hubiera costado muy caro. Prefirió dejarlo colgado e irse a seguir con su trabajo y dejar que Dios, el del cielo, se encargara de su hijo.
Pedro (o Simón) olvidó con lo años aquel suceso y el autotitulado “Rey de los judíos” fue desclavado y enterrado en el cementerio de la ciudad, pasando a ser otro falso profeta.
Pedro pidió ser cremado al morir, y que sus cenizas fueran esparcidas en el mar, donde compartiría su última morada con los peces.Estaba seguro que estos animales nunca lo iban a olvidar.
Simón (o Pedro) tenía todavía el eco de la negación de su maestro masticándole la conciencia y tuvo que contener su arrebato para no ir a desclavarlo él; pero esto le hubiera costado muy caro. Prefirió dejarlo colgado e irse a seguir con su trabajo y dejar que Dios, el del cielo, se encargara de su hijo.
Pedro (o Simón) olvidó con lo años aquel suceso y el autotitulado “Rey de los judíos” fue desclavado y enterrado en el cementerio de la ciudad, pasando a ser otro falso profeta.
Pedro pidió ser cremado al morir, y que sus cenizas fueran esparcidas en el mar, donde compartiría su última morada con los peces.Estaba seguro que estos animales nunca lo iban a olvidar.
lunes, 7 de enero de 2008
Segunda parte (cuento)
ACLARACION:Jorge era mi mejor amigo.
Murió trágicamente en un accidente automovilístico hace una semana.
Su mamá, que me conoce desde los 10 años, me pidió que continuara el cuento que su hijo había comenzado.
Ella sabe de mi gusto por la literatura y también que soy quien más conoce a su hijo muerto. Nos habíamos encontrado en los últimos años de la primaria, y descubrimos juntos el placer de ir al cine solos por primera vez, con las historias de “King Kong” o “El búfalo blanco” como protagonistas.
Con él aprendí a odiar el té con leche y las clases de inglés particular al tiempo que empezábamos a aprender a andar a caballo, un privilegio que nos regalaba su papá, empleado en el matadero.
Criábamos “sea monkeys”, cazábamos moscas, alimentábamos arañas, leíamos historietas, nos reíamos con la Pantera Rosa, inventábamos dibujos animados en los bordes de los libros, buscábamos la palabra “culo” en el diccionario, corríamos carreras con las bicicletas o a pie, nos reíamos de los grandes, alquilábamos libros en la biblioteca municipal y tirábamos piedras.
No puedo fallarle a esta mujer dolorida.Acepto el pedido y el desafío, y comienzo a escribir esta historia, la que comienza en la primera línea de este relato.
lunes, 31 de diciembre de 2007
Paul, el poeta oficial
El contra almirante, lo sabía.
Era famoso, y en Europa se lo consideraba un cretino y cobarde dictador sudamericano que no tardaría mucho tiempo en ser apresado.
Sin embargo, seguía enfrascado en su idea de sacar del poeta Paul Lellà, los poemas mas inspirados para publicar el libro que su esposa editaría con los versos robados al escritor, secuestrado en uno de los galpones de la Marina de Guerra, alejado de todos y de toda posibilidad de escapar.
En la mañana del Viernes, el marino se paró delante de Paul y luego de golpearlo en la cara con el puño, le ordenó que escribiera algo relacionado con los niños y la dulzura.
Paul estaba confundido y aturdido por el golpe, pero trató de componer algo que dejara conforme al contra almirante.
Èl era su rehén, es cierto, pero también era el dueño de los versos que el marino quería poseer.
“Es la infancia la oportunidad
de quien nada tiene.
Y la ignorancia y la maldad
Del que por ti viene”
El contra almirante se lo llevó anotado en el cuaderno que había mandado comprar para ese fin, y por la noche se lo entregó a su esposa.
Ella lo leyó minuciosamente, dio su aprobación y le encargó para el Lunes alguno que hablara sobre la libertad.
El Lunes siguiente amaneció nublado y frío, frio que Paul podía sentir entrando por debajo de la puerta.
Nada quería más que estar afuera.
El marinero abrió la puerta y sin decir nada pateó al poeta en la cintura, luego en los testículos y por último en la cara, al tiempo que le ordenaba escribir el poema encargado el Viernes.
Paul, aullaba de dolor. Sin embargo se incorporó.
“¿Usted cree que yo puedo escribir algo bueno en estas condiciones, almirante?”, le dijo.
El marino, se puso furioso. Volvió a golpear a Paul en todo el cuerpo y ordenó a un subalterno que lo picaneara hasta el desmayo, pero que no lo matara. Paul tenía un tesoro adentro y el almirante lo necesitaba.
El poeta fue llevado a la sala ubicada frente a la celda. Lo acostaron en una parrilla de metal y empezaron a aplicarle las descargas eléctricas, pero Paul no estaba bien de salud y murió en la segunda sesión.
El marino se enteró a los pocos minutos y mandó encarcelar a su subalterno por no haber cumplido la orden.
Paul se había llevado su tesoro.
El militar, embriagado por el odio, escribió sus propios versos sobre la libertad, para no tener que enfrentar a su esposa y terminar así de una vez por todas con el libro.
“No eres ni libre, ni esclavo
ni dueño del pasado
ni del futuro que prestado
tendrás que devolver fracasado”
La esposa del almirante, leyó los versos y, lapidaria, sentenció:
“ya podés deshacerte de ese escritor. Ha cambiado su estilo y el que ha tomado es despreciable”. Habrá que buscar otro.
Era famoso, y en Europa se lo consideraba un cretino y cobarde dictador sudamericano que no tardaría mucho tiempo en ser apresado.
Sin embargo, seguía enfrascado en su idea de sacar del poeta Paul Lellà, los poemas mas inspirados para publicar el libro que su esposa editaría con los versos robados al escritor, secuestrado en uno de los galpones de la Marina de Guerra, alejado de todos y de toda posibilidad de escapar.
En la mañana del Viernes, el marino se paró delante de Paul y luego de golpearlo en la cara con el puño, le ordenó que escribiera algo relacionado con los niños y la dulzura.
Paul estaba confundido y aturdido por el golpe, pero trató de componer algo que dejara conforme al contra almirante.
Èl era su rehén, es cierto, pero también era el dueño de los versos que el marino quería poseer.
“Es la infancia la oportunidad
de quien nada tiene.
Y la ignorancia y la maldad
Del que por ti viene”
El contra almirante se lo llevó anotado en el cuaderno que había mandado comprar para ese fin, y por la noche se lo entregó a su esposa.
Ella lo leyó minuciosamente, dio su aprobación y le encargó para el Lunes alguno que hablara sobre la libertad.
El Lunes siguiente amaneció nublado y frío, frio que Paul podía sentir entrando por debajo de la puerta.
Nada quería más que estar afuera.
El marinero abrió la puerta y sin decir nada pateó al poeta en la cintura, luego en los testículos y por último en la cara, al tiempo que le ordenaba escribir el poema encargado el Viernes.
Paul, aullaba de dolor. Sin embargo se incorporó.
“¿Usted cree que yo puedo escribir algo bueno en estas condiciones, almirante?”, le dijo.
El marino, se puso furioso. Volvió a golpear a Paul en todo el cuerpo y ordenó a un subalterno que lo picaneara hasta el desmayo, pero que no lo matara. Paul tenía un tesoro adentro y el almirante lo necesitaba.
El poeta fue llevado a la sala ubicada frente a la celda. Lo acostaron en una parrilla de metal y empezaron a aplicarle las descargas eléctricas, pero Paul no estaba bien de salud y murió en la segunda sesión.
El marino se enteró a los pocos minutos y mandó encarcelar a su subalterno por no haber cumplido la orden.
Paul se había llevado su tesoro.
El militar, embriagado por el odio, escribió sus propios versos sobre la libertad, para no tener que enfrentar a su esposa y terminar así de una vez por todas con el libro.
“No eres ni libre, ni esclavo
ni dueño del pasado
ni del futuro que prestado
tendrás que devolver fracasado”
La esposa del almirante, leyó los versos y, lapidaria, sentenció:
“ya podés deshacerte de ese escritor. Ha cambiado su estilo y el que ha tomado es despreciable”. Habrá que buscar otro.
domingo, 30 de diciembre de 2007
Elvis Presley vivo en Buenos Aires (nadie me lo contó)

Primero hice un corto viaje hasta Parque Leloir tratando de confirmar el "mito urbano" y en busca de los tres millones de dólares de recompensa por su imagen, pero los vecinos se mostraban esquivos y desconfiados.Nadie conocía personalmente a Elvis Presley y mucho menos la fantástica historia de que estaba vivo en Argentina y en ese barrio del oeste.Pero siempre hay alguien que dice la verdad y yo lo encontré por que lo busque a drede.Era el párroco de la Iglesia "Jesús del gran poder".El padre era un hombre joven; me recibió tomando mate. Yo había entrado con la excusa de averiguar como se hacia para organizar un retiro espiritual de chicos carenciados y enseguida entro en confianza.Después de dar algunas vueltas sobre el lugar y conocer un poco mas su historia, le pregunte si alguna vez había escuchado algo sobre el asunto de Elvis y de su vida en el barrio.El padre sonrió como si hubiera estado esperando esa pregunta y me contesto con una aparente evasiva respuesta pero que yo decido tomar al pie de la letra.
Al otro día, tomé el 155 hasta Corrientes y Florida y caminé por la peatonal hacia Retiro hasta llegar a la esquina de la calle Paraguay.Elvis Presley, el mismísimo rey estaba parado en el hall de una galería cerrada convertido en una patética imitación de si mismo.Me acerqué y pude escucharlo. Estaba cantando "Love me tender".Esperé frente a él hasta que la canción terminó y me acerqué aun mas, tanto que podía oler su perfume a viejo dandy.Tiré unas monedas en el gorro y le pedí (sin el menor respeto) que por favor cantara "Always on my mind".Bajó la guitarra, me miró por encima de los lentes espejados de vidrios gigantes y me dijo en un perfecto castellano:"¿vos estas en pedo pibe? ¿Que querés? ¿Que me descubran?
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(Un agradecimiento especial al padre Bruno)
(Un agradecimiento especial al padre Bruno)
Gabriel F Gamboa
viernes, 28 de diciembre de 2007
Compra - venta (cuento)

El señor Marcucci tiene una guitarra de muy mala calidad. Imposible de afinar, el instrumento suena molesto hasta en los ejecutantes mas diestros. Sin embargo, hay una persona que logra lo increíble.
Rita abraza la guitarra y la arropa como a una criatura, le habla en voz baja y empieza a tocarla. Literalmente a tocarla: la acaricia suavemente siguiendo sus contornos imaginando que tiene en sus brazos a otra mujer.
La indomable guitarra se rinde a sus encantos y empieza a sonar sola emitiendo sonidos dulces mezclados con gemidos de placer.
Algunos dicen que Rita es bruja.
Marcucci no la quiere ni ver, pero tampoco puede evitar el goce que le produce esa particular relación.
Por eso, decidió vender la guitarra por unas monedas en un local de compra venta.
Rita la vio y pago una fortuna por ella.
El vendedor les contó con sorna a sus amigos lo que el creyó una pequeña estafa.
Rita abraza la guitarra y la arropa como a una criatura, le habla en voz baja y empieza a tocarla. Literalmente a tocarla: la acaricia suavemente siguiendo sus contornos imaginando que tiene en sus brazos a otra mujer.
La indomable guitarra se rinde a sus encantos y empieza a sonar sola emitiendo sonidos dulces mezclados con gemidos de placer.
Algunos dicen que Rita es bruja.
Marcucci no la quiere ni ver, pero tampoco puede evitar el goce que le produce esa particular relación.
Por eso, decidió vender la guitarra por unas monedas en un local de compra venta.
Rita la vio y pago una fortuna por ella.
El vendedor les contó con sorna a sus amigos lo que el creyó una pequeña estafa.
Gabriel F Gamboa
(la ilustración es de Mario Carreño)
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