viernes, 16 de mayo de 2008

El hombre intocable

El pobre hombre no había podido convencer a nadie de su propia muerte; todos lo soñábamos siempre vivo y le recriminábamos que mintiera, por que estaba vivo, ahí lo veíamos, muy campante regando las plantas. Sin embargo nadie dudaba sobre su dolor de los últimos años al enfermarse de un cáncer doloroso e implacable, mas la muerte de su madre que mal predijo que ella moría para que su hijo se salve, obviamente convencida de que Dios compensaba así las cosas. El pobre hombre tampoco pudo descansar los primeros años de su nuevo status de muerto, ya que una huelga municipal hizo llevar su cuerpo a un depósito provisorio en el cementerio de la Chacarita, y recién después de un año pudo ir a su destino final en las galerías de nichos en Flores. De todas maneras, a los cinco años su cuerpo fue cremado al vencer el plazo de conservación en el cementerio, y sus cenizas ni siquiera fueron reclamadas por sus familiares. Por suerte tuvo siempre el recuerdo de la mujer que lo había amado en silencio y que vanamente había esperado que él cambiara su elección de celibato por amor a ella. Pero hasta eso le perdonaba; así era el amor que sentía por él. Y tuvo la constancia de recordárselo en cada aniversario de su muerte, colocando una rosa en su tumba. Para el pobre hombre ya era tarde. Posiblemente veía la rosa, pero no podía tocarla. Solamente salía a pasear por nuestros sueños que él convertía en pesadillas, cuando por las noches nos despertábamos llorando por haberlo visto sin poder tocarlo.

No hay comentarios: