martes, 23 de septiembre de 2008

Liniers y la ruleta rusa

En el pasaje Estonia, en Liniers, el juego de la ruleta rusa, tiene la característica mas salvaje del mundo y en realidad nadie sabe aun por que se sigue llamando asi.
Se supone que sus moradores son los seres mas miserables que puedan existir.
En este juego, el cargador del revolver esta completamente lleno de balas.
Los que no se animan a disparar o apuntan fuera de su cabeza, esos, son los verdaderos perdedores.

lunes, 25 de agosto de 2008

Intercambios

Lo que para mucha gente (e incluso pueblos enteros) es una cuestión fundamental, para otros es algo recurrente. Asi por ejemplo, los habituales choques entre personas en la estacion 9 de Julio del subte de Buenos Aires son en realidad intercambio de almas.
Nadie vuelve a su casa tal como se fue y algunos, atrapados por los recuerdos, chocan deliberadamente a otros tratando de recuperar el alma que alguna vez tuvieron.
De esta manera, una misma persona puede tener tantas almas como choques haya tenido.
Este intercambio nunca se acaba y el cuerpo que muere (un simple envase retornable) libera su alma, la última que tuvo, para que ya no sufra mas cambios, el verdadero descanso eterno.

sábado, 16 de agosto de 2008

Froilan

Froilan se calzo la escafandra, fuertemente ajustada por los expertos, y recibió el saludo del presidente de la república. Iba a convertirse en el primer uruguayo en descender hasta los 50 metros en las aguas del océano atlántico.
El presidente, le dió un abrazo y una palmadita en la espalda y Froilan empezó a ser descendido atado a una ruidosa cadena.
Ya en los primeros metros las cosas pintaron complicadas; pudo sentir con mucha claridad como se le mojaba el cuello desde una pequeña grieta en su precario traje. La campana de la escafrandra comenzó a inundarse con rapidez y al poco tiempo tenia el agua en el mentón y al ratito, ésta le tapo la nariz.
Conciente de su final, trató de aguantar la respiracion y cerró los ojos, apretó con fuerza los puños y se abrazabó a si mismo como queriendo retener el aire en su cuerpo.
El presidente sonreia en la cubierta del "Artigas" y recibia las felicitaciones de todos los invitados.
Diez minutos despues, comenzo el izamiento del héroe. La cara de felicidad de los que alli estaban cambio rápidamente a espanto al descubrir el cadáver de Froilan. El presidente queria disimular, el capitan queria tapar todo con su cuerpo y los marineros querian llorar.
Froilan, en medio de esa muchedumbre, solo queria salir de alli

miércoles, 13 de agosto de 2008

Virtual

No solo hacía 11 dias que no dormía: esa misma cantidad de tiempo había permanecido con los ojos abiertos, sin parpadear, resecos hasta el ardor y ya prácticamente ciegos ("los ojos ciegos bien abiertos", habia cantado).
Los oftalmólogos se habían rendido a sus caprichos y amenazaron con extirparle los ojos como un último recurso para evitar complicaciones que pusieran en riesgo su vida, pero ella se mantuvo firme.
Ella decía ver perfectamente, vivía siempre en primavera, su familia era maravillosa, sus hijos la amaban, su marido la adoraba, su casa relucía y el arco iris estaba permanentemente en su terraza.
La duda era, que lado de las imágenes eran las reales

jueves, 7 de agosto de 2008

Flotantes

"La fuerza de gravedad no existe. La tierra chupa"
(Anónimo)

Hay un lugar impreciso en la llanura pampeana donde los pájaros duermen suspendidos en el aire. Se abrazan con sus propias alas, reclinan la cabeza y simplemente, flotan.
Los científicos, apenas descubierto el hecho, corrieron atropelladamente a ver el espectáculo y a encontrar la explicación ya que para ellos, todo tiene una explicación.
Esperaron pacientemente hasta que un hornero frenó en seco, se acomodó y empezó a dormir. Rápidamente, lo bajaron de un tiro y lo despanzurraron para ver que tenía en su cerebro, en sus tripas o an algún lado, pero el pájaro era exactametne igual a todos.
Asi fue con varios ejemplares, antes de que el animal despertara, lo bajaban, lo abrían y lo estudiaban, pero nada distinto encontraron en ellos.
Consultaron a Buenos Aires, desesperados por la falta de respuesta y les dijeron que preguntaran a algún lugareño, ellos siempre saben todo. Fueron hasta el camino de tierra y encontraron a un tuerto que vivía por ahi. Le contaron el asunto y el hombre, con toda naturalidad, les dijo:
- "lo que pasa, es que la tierra no chupa en todos lados iguales"
Ante la imbatible respuesta, fueron ellos mismos a exponerse a la experiencia. El Doctor en biología se acercó hasta el lugar encantado y quedó atrapado, como los pájaros, en el aire.
Después de varias horas de espera y ante la imposibilidad de bajarlo, fueron a buscar al tuerto para ver que podían hacer.
El tuerto, que los estaba esperando y casi sonriendo les dijo:
- "nadie baja vivo de ahi"

martes, 5 de agosto de 2008

Pequeños monstruos

Las tareas estaban divididas de la siguiente manera: Yo contaba las vueltas que daba la calesita con cada boleto (o sortija).
Mario cronometraba el tiempo de las luces del semáforo. El tano anotaba las puteadas del tipo del taller cuando descubria que le habiamos desinflado las gomas de sus clientes.
Los resultados eran maravillosamente inútiles; la calesita daba 144 vueltas hasta las 2 de tarde y después bajaba a 140 hasta la hora del cierre. El semáforo duraba exactamente lo mismo en cada cambio de luces. Las puteadas eran hacia nuetras madres por la mañana y hacia nuestras hermanas por la tarde, invariablemente.
Este relevamiento terminó como había empezado, de un día para el otro y todos estuvimos mas aliviados, sobre todo por no tener vecino con taller, ni semáforo, ni calesita.

viernes, 1 de agosto de 2008

Ilegible

En el famoso libro guardado en la biblioteca Benito Lynch, del barrio Los Perales, podemos leer lo siguiente:

"...Dios creó a los animales dándoles una forma que pensaba mejorar algun día, cosa que nunca realizó. Los animales jamás evolucionaron y se mantienen como aquel primer día. Lo mismo pasó con las flores, las plantas y los frutos.
Por supuesto, el hombre siguió el mismo cruel destino: ser creado de entre casa para ser corregido en el futuro, el fruto de una semana de aburrimiento.
Pero para Dios, el futuro no existe y por eso nuestra especie se mantiene exactamente igual. Todo lo que está a la vista permanece inmóvil y, de alguna manera, muerto.
Creemos haber "evolucionado". Creemos que los animales tuvieron "adaptaciones" y que las plantas mejoraron.
Sería bueno recordarnos como fueron las cosas..."

El libro, al alcance de cualquiera, permanece sobre el mostrador de la biblioteca.
Nadie se atreve a tocarlo.

sábado, 26 de julio de 2008

Viento cero

Tan simple como lo digo: en mi casa materna, no hay viento, el aire no se mueve.
Eso no quiere decir que el resto de las cosas estén quietas, en absoluto. Enciendo un fósforo y la llama se apaga, dejo una hoja de papel en la mesa y se vuela, las cortinas del comedor bailan constantemente, las lámparas se sacuden.... todo está en un movimiento constante; mi pelo, si bien no es largo, suele despeinarse aún en un lugar tan chico como el baño.
Mi vieja dice que son cosas mías, que ella cierra la ventana y vive tranquilamente, que los fósforos se apagan por que son de mala calidad, que las hojas se vuelan por que yo pasé por al lado, que las cortinas las movió ella, que acaba de limpiar las lámparas y que me peine.
Mi vieja, murió hace 15 años.

jueves, 10 de julio de 2008

Revelado

El fotógrafo se había especialzado en retratar cadáveres; era la costummbre de época recordar a los difuntos de esa manera tan impúdica.
Sin embargo, algunos muertos se enredaban en los maleficios de la fotografía. Esto quedaba evidenciadado al revelar los rollos y notar, por ejemplo, que el finado estaba boca abajo. Mejor dicho: se había volteado entre el momento de la toma y el momento del revelado.
Los verdaderos profesionales, optaban por mentir y decdirle a los deudos que la foto no había salido.
Los valientes en cambio, consultaban con las brujas o con los curas.
En ambos casos la respuesta era la misma: los que se revelaban boca arriba descansaban en el paraíso junto al eterno, mientras que los otros caían hasta el infierno viendo como se quemaban con sus propios ojos.

lunes, 7 de julio de 2008

Muñecas

El taller de don Blas desborda de trabajos pendientes; las muñecas se amontonan en una espera infernal que las nenas del barrio toleran con el único fin de tener nuevamente su preciado juguete en condiciones.
Cómo no maravillarse con los bracitos reparados, las cabezas arrancadas repuestas y las piernas en su lugar, nuevamente.
No hay precio para esa alegría. Los miembros faltantes él los consigue, con tiempo, pero los consigue.
El buen artesano sabe recurrir a todos los trucos y todos los secretos, aunque esto signifique robar algunos restos enterrados del cementerio de niños de Flores.

domingo, 29 de junio de 2008

Tiempo muerto

En la oscuridad, todo es mas grave.
Por las noches, las cosas se agigantan y se nos vienen encima. Las sombras, el viento y el frío pueden ser nuestros peores enemigos.
Cuando entramos al parque de diversiones, estaba en penumbras, era de noche, las sombras nos perseguían y el invierno se mostraba a pleno congelando cada pasamano de aluminio que rozábamos.
La duda mas tremenda era saber por que habíamos entrado ahí si ese parque ya no existía. Parecíamos estar metidos en una pesadilla; sin embargo, pagamos la entrada al señor en la puerta. El detalle fue que los chicos no pagaron, solo nosotros los mayores y hasta se tomó el trabajo de avisarnos que faltaban 15 minutos para cerrar.
Parecíamos idiotas pagando una entrada a un lugar que no existía, en una noche de invierno y a punto de cerrar.
Pero lo hicimos.
Les señalé a mis hijos unas figuras con brillantina descoloridas por el sol y el agua. Eran unos querubines grotescos, con pómulos regordetes y colorados, todos sonriendo y con la cabeza inclinada hacia la izquierda. A mi me fascinaban por que eran contemporáneos de mi infancia, pero mis hijos los miraban con desagrado.
Pasamos por la zona del laberinto de espejos y perdimos de vista por unos segundos a mi hija, que es la menor. Nos gritaba por el miedo y la encontrábamos, pero al querer ir a buscarla la volvíamos a perder de vista y otra vez el llanto y los gritos y la música deforme.
La situación empeoraba y además se vencía el plazo para el cierre. Buscábamos la salida con desesperación pero no la encontrábamos.
Yo estaba realmente muy asustado y tomé aire para gritar.
En ese momento abrí los ojos y me v1 en la cama, destapado y agitado. Miré el reloj y era las 4 de la mañana. Fui hasta la habitación de los chicos y dormían tranquilamente. Mi mujer también dormía.
Volvía acostarme hasta la hora del desayuno.
A eso de las 8 suena el teléfono. Era mi hermano.
Quería saber donde habíamos estado toda la noche. Se cansó de llamar por teléfono. Incluso un vecino le dijo que nos había visto salir.
Todo fue muy raro, pero hubiera preferido que siguiera siendo así por que nos buscaba para darnos una terrible noticia.

sábado, 14 de junio de 2008

Masa

Para el maestro panadero José Bermudez, fue muy fácil deshacerse del cuerpo de su patrón; simplemente lo cocinó en el horno y luego mezcló los restos con la masa preparada para el pan de las 6 de la mañana.
Todos preguntaron por el dueño pero nadie sabía nada. Su familia dijo que había salido de su casa al trabajo pero en la panadería decían que nunca habia llegado.
El encargado del local, ante la impaciencia de los clientes, decidió abrir el local y empezo a despachar.
Mientras, por la ventana, José observaba como algunos ansiosos jubilados empezaban a borrar los rastros de su crimen metiendo la mano en la bolsa para comer el pan calentito.

viernes, 13 de junio de 2008

Hora y cuarto

...”a puro dolor nomás, así habían criado a esos pobres gurises”... (de “Leyendas de las Barrancas”)


Nunca había podido salir de su casa sin tomar su café, bien cargado y con edulcorante. Tampoco olvidaba cepillar sus dientes, ni repasar su peinado varias veces. Revisaba escrupulosamente que todas las puertas estuvieran con llave, que las ventanas hayan cerrado correctamente, y que el piloto del calefón permanezca apagado. Salía a la calle, y caminaba hasta la parada del colectivo en el que sacaría su boleto de 80 centavos con la moneda de un peso que ya había puesto en el bolsillo derecho del sobretodo, el día anterior. Tomaba su vuelto de 20 centavos e inmediatamente iba hacia el fondo, cerca de la puerta trasera, por si acaso había algún imprevisto poder salir primero. Luego buscaba nerviosamente con la vista, la luz roja que indicaba que ventanilla era expulsable y controlaba que el martillo que sirve para romper los cristales en caso de emergencia estuviera en su lugar. A los 20 minutos, estaban en la parada de la plaza que queda enfrente del templo, donde habitualmente subía una señorita muy delgada y morocha que había llamado su atención. Ya estaba en la mitad del recorrido, había pasado media hora mas o menos desde que salió de su casa, y el calor, el encierro y el hacinamiento empezaban a hacer lo suyo. Se sacó los guantes y sintió el frío que entraba por una ventanilla que cerraba mal en sus manos. Ningún asiento se liberaba en su alrededor. Estaba seguro de que iba ir parado todo el viaje. El sobretodo ya pesaba. Los 2 grados de temperatura de la mañana habían sido reemplazados por un sudor frío en la espalda. El café cargado y con edulcorante, era ahora un desagradable sabor amargo en la boca, y rogaba no tener que hablarle a nadie para no hacerle sentir el rigor de un aliento agrio e indisimulable. No faltaba mucho para llegar. El colectivo poco a poco se iba vaciando, se liberaban algunos asientos y el chofer, distendido, hablaba a los gritos con otro que se había detenido en el mismo semáforo, sobre sus proezas con el asado del Domingo pasado, de cuantas vueltas había hecho, y de cuantas le faltaban, preguntaba por el 35, ponía sus manos en la nuca y se estiraba buscando desentumecer sus músculos, hasta que el semáforo se pasa a verde y los libera del compromiso. Al llegar a la parada de su destino baja, cruza la avenida, para en el kiosco a comprar cigarrillos y unas golosinas. Toma el ascensor y mientras revisa que las puertas estén bien cerradas y que nada quede atrapado en ellas; piensa en el alivio que sentirá al sentarse en su lugar de trabajo hasta que nuevamente tenga que volver a controlar que cada pieza encaje en su lugar exacto.

miércoles, 11 de junio de 2008

Sombra blanca

Había un barrio en la ciudad de Buenos Aires llamado Villa Otero. En ese barrio existía un pasaje, una callecita de apenas 50 metros de largo cargada de historias tremendas, de visitantes desaparecidos y de silencios insoportables. El pasaje de la Verdad (así se llamaba), era absolutamente oscuro, aún de día. Ninguna luz salía de él. Tampoco había luz que pudiera penetrarlo; todos los intentos morían en sus propios límites. Yo decidí ir a conocerlo; mi curiosidad fue mas fuerte al temor que me habían inculcado. Llegué un Lunes alrededor de las diez de la mañana, crucé la avenida y ahí estaba. Me acerqué todo lo posible y traté de descubrir algún vestigio de luz, algún destello, algo que desacreditara aquella historia insostenible. Pude ver algo. Claramente. En el interior de ese punto oscuro había algo. Era una sombra, una sombra blanca. Una silueta casi humana que hacía ademanes. De pronto parecía llamarme como si pidiera auxilio y al rato (yo estaba seguro) me echaba. Estaba mirando la sombra cuando alguien me llamó golpeándome en el hombro muy desagradablemente. Era un hombre alto, con un saco con coderas que le quedaba corto de mangas y anteojos oscuros. Me miró por encima de los vidrios y me dijo con la más absoluta claridad y certeza: -“No mire mas, no hay nada” Se acomodó los anteojos y penetró en el pasaje. Volví a mirar, pero la sombra blanca ya había desaparecido.

Sombra blanca

Había un barrio en la ciudad de Buenos Aires llamado Villa Otero.
En ese barrio existía un pasaje, una callecita de apenas 50 metros de largo cargada de historias tremendas, de visitantes desaparecidos y de silencios insoportables.
El pasaje de la Verdad (así se llamaba), era absolutamente oscuro, aún de día. Ninguna luz salía de él.
Tampoco había luz que pudiera penetrarlo; todos los intentos morían en sus propios límites.
Yo decidí ir a conocerlo; mi curiosidad fue mas fuerte al temor que me habían inculcado.
Llegué un Lunes alrededor de las diez de la mañana, crucé la avenida y ahí estaba. Me acerqué todo lo posible y traté de descubrir algún vestigio de luz, algún destello, algo que desacreditara aquella historia insostenible.
Pude ver algo.
Claramente.
En el interior de ese punto oscuro había algo.
Era una sombra, una sombra blanca. Una silueta casi humana que hacía ademanes.
De pronto parecía llamarme como si pidiera auxilio y al rato (yo estaba seguro) me echaba.
Estaba mirando la sombra cuando alguien me llamó golpeándome en el hombro muy desagradablemente.
Era un hombre alto, con un saco con coderas que le quedaba corto de mangas y anteojos oscuros.
Me miró por encima de los vidrios y me dijo con la más absoluta claridad y certeza:
- “No mire mas, no hay nada”
Se acomodó los anteojos y penetró en el pasaje.
Volví a mirar, pero la sombra blanca ya había desaparecido.

lunes, 9 de junio de 2008

Aviso

Poesía no es esto
No es poesía.
Acabara en un cesto,
Al sexto día

De intentar plasmarla
En una hoja
En blanco acabarla
Cuando la musa escoja

Perdón, vergüenza, mentira
escrita
Sin verdad, vacía delira,
Grita.

jueves, 29 de mayo de 2008

La mudanza de la casa vacia

La verdad es que no supimos manejar la situación con respecto a como le decíamos a la abuela que el abuelo Carmelo había muerto.
Nosotros suponíamos que la frágil salud que sufría servía como preaviso para cualquiera, incluso para la ella. A eso le sumábamos el tema de la edad; ochenta años siempre parecen ser suficientes para morirse.
Pero habíamos olvidado que nuestra perspectiva cronológica no es igual a la de la abuela. Para ella seguían siendo dos adolescentes recién casados, para los que todavía faltaba mucho para el tiempo de los disgustos.
El sol entraba a pleno por el techo corredizo de la camioneta, y calor creaba un clima agradable para ese otoño tan bravo que habíamos tenido.
Mientras pensábamos mil maneras de dar la noticia, y sin quererlo, nos íbamos acercando a donde nunca queríamos llegar, a la casona de patio generoso y galerías frescas, llenas de hortensias y de jazmines, con la cucha del Boby en el medio del camino y la mesa hecha de recortes de mosaico a un costado.
Estacionamos en la puerta y la abuela, que siempre venía a abrir sin esperar a que la visita tocara el timbre, extrañamente, esta vez no salió. Se quedó esperando en la cocina, a que llamáramos nosotros, a que tengamos que molestarnos hasta ella si es que queríamos darle una mala noticia.
Después de escuchar el timbre que sonaba con insistencia, tomó envión en los apoya brazos del sillón y se acercó arrastrando los pies hasta la puerta de calle. Antes de llegar tuvo el detalle de cortar una hoja seca del jazminero y tirarla al suelo. Miró las ramas de la parra diciéndose que había que podarla. En realidad, ya no sabía en que mas detenerse.
Así, cumpliendo con todo ese protocolo burocrático, llegó a la puerta. Nos obsevó a través del vidrio recortado, giró la llave y abrió. Se quedó callada como esperando que nosotros habláramos primero, pero la angustia se nos notaba en al cara y la garganta se inundaba de lágrimas que no podían salir por los ojos.
Nos miró fijamente y desde la autoridad que le daban sus 80 nos dijo: "Ustedes vienen para decirme que se murió el abuelo”.
Ante semejante convencimiento, no tuvimos mas que silencio y espasmos de cabeza gacha por la vergüenza que nos daba no saber remontar la situación. Pero siguió hablando, con nosotros malamente fascinados por su entereza.
"No me digan nada. Fue a las 5 de mañana. Yo estaba durmiendo y a esa hora, de noche todavía, un pájaro se paró en la parra y empezó a cantar. En el campo dicen que si un pájaro canta de noche, es señal de que alguien de la casa se va a morir."
Nosotros seguíamos ahí, petrificados. Fue hasta la cocina, volvio con un bolso y nos dijo que hagamos de cuenta que se había ido con el abuelo.
Esas fueron sus últimas palabras. Caminó para el lado de la avenida, dobló en la esquina y nunca mas volvimos a verla.
El resto de la familia nunca nos perdonó nuestra actitud, pero por mas que contemos como fueron las cosas, nunca nadie va a entender como son las cosas vistas desde el lugar donde el vacío ocupó todos los lugares.

martes, 27 de mayo de 2008

Gajes del oficio (cuento leido)

La mayoría de los cuentos aqui publicados están grabados en audio; el motivo inicial de esta práctica era que tuvieran acceso las personas que no podian leer. Luego use muchos de estos audios para mis frustrados programas radiales y finalmente duermen en mis propios CD. Este es el primero que subo en ambos formatos (texto y audio). Si puedo, ire subiendo de a poco los demas que ya fueon publicados aqui mismo..
Gabriel F Gamboa

GAJES DE OFICIO

El empleado apoyo sus manos sobre el abdomen del cadáver, sin saber que cuando el aire pasa por la garganta, mueve las cuerdas vocales y el muerto emite un "OOOOOOOOOOO" corto y seco.
El empleado renuncio inmediatamente a su trabajo y el jefe rió a carcajadas por la nueva víctima.


AQUI EL AUDIO

Lucia (para ella la guerra nunca terminó)

Lucía vivió prisionera. De su padre primero. De su marido después. De sus hermanos mas tarde. De sus sobrinos al final. Al ser la mayor, soltera y sin hijos, se convirtió en la “segunda madre” de todos como si esto significara algo para ella.
No. De ninguna manera, no es ni siquiera una ventanita en lo alto de su celda.
Algunas noches, sueña que se despierta y cierra la puerta por donde entra el frío de la frustración, para después volver a dormirse plácidamente. Otras, que vuelve a su pueblo y la están esperando con los brazos abiertos y que todo permaneció extrañamente igual, detenido en el tiempo, recordándola.
Cuando despierta, tiene que esforzarse para darse cuenta de que no es una monja de clausura, y que los votos que practica son contra su voluntad. Y se da cuenta que es mas fácil crear un imperio que liberarse de él.

sábado, 24 de mayo de 2008

El tucu

...”al mundo nada le importa,
yira, yira”..
.
E. S. Discepolo


El hombre estaba sentado en la plaza que está frente a Tribunales. Desde allí tenía la perspectiva justa que daba a la casa de electrodomésticos donde en los televisores daban un documental de Jaques Costeau. Veía las imágenes del fondo del mar y se hacía su propio relato imposibilitado de obtener el audio. Se distraía bastante seguido con las minifaldas de las secretarias que a esa hora se apuraban por llegar a horario al trabajo. Cuando terminó el documental, pusieron un partido de fútbol europeo, pero esta programación lo aburrió enormemente. Se levantó y empezó a caminar hacia Cerrito en busca de dos cosas: algo para comer y un poco de sol por que las sombras ya habían invadido la plaza y el frío se hacía sentir por mas que tuviera dos pares de guantes.
Instalado ya en la plazoleta que hace de la 9 de Julio la avenida mas ancha del mundo, según infundadas creencias porteñas, se dedicó a observar el tránsito en dirección a Retiro, de espaldas a Constitución. Tomó un trago de la cajita de vino tinto que tenía debajo del sobretodo que le había robado a otro vago en una pelea en el comedor de noche hace una semana, y se quedó ahí sentado, pensativo, aburrido, recordando su llegada a Buenos Aires, justamente ahí en Retiro cuando llegó de Tucumán dispuesto a trabajar de cualquier cosa con tal de juntar unos pesos. Lástima que nunca pudo encontrar al amigo de su primo, que lo iba a ubicar en una fábrica de tela engomada de Valentín Alsina para encargarse de la limpieza. Pero esta ciudad es tan grande para su acotado sentido de ubicación... ahora mismo, después de 10 años acá, todavía no se sabe ubicar bien para llegar al comedor y el tránsito le da miedo. El ruido lo pone muy nervioso. Tanto, que hay veces que prefiere no comer para quedarse tranquilo.
Mientras va llegando la noche, se va arrimando hasta el banquito que está justo entre las dos torres mas altas de la ciudad. Hoy tampoco irá al comedor; en todo caso si consigue algo por ahí, comerá y si no, no.
El viento que corre en su improvisado dormitorio es impresionante; los edificios parecen soplar sobre él, que se cubre como puede con una caja de cartón. Cada tanto logra dormir unos minutos, hasta que el frío lo vuelve a despertar. Y eso que hoy no llueve. Ayer un cartonero le enseñó que si se pone una caja sin desarmar en la cabeza, puede mínimamente calentar el aire que respira y dormir un poco mas.
Y le hizo caso. ¡Y el tipo tenía razón!. Durmió sin interrupciones. Y hasta soñó que justo que el tren salía de Tucumán para Buenos Aires, su madre lo llamaba desesperada pare decirle que se quedara.
Y nunca mas pudo despertar de ese sueño.